domingo, 7 de diciembre de 2014

Claudio Magris / La persuasión

Claudio magris
Claudio Magris


Claudio Magris

La persuasión



El Rincón del Distraído
Blog de José Andrés Rojo
EL PAÍS, 10 de septiembre de 2009
Toda la obra de Claudio Magris (la fotografía es de Tejederas) está atravesada por un concepto que toma de Carlo Michaelstaedter, un filósofo y dibujante que nació en 1987 en Gorizia, una ciudad situada en la frontera de Italia con Eslovenia que entonces pertenecía al imperio austro-húngaro, y que murió en 1910. Es el concepto de persuasión. Una y otra vez, el término vuelve a incrustarse en la escritura de Magris y de nuevo aparece en el prefacio de uno de los últimos libros que ha publicado en España, El infinito viajar(Anagrama, traducción de Pilar García Colmenarejo). "La persuasión, la posesión presente de la propia vida, la capacidad de vivir el instante, sin sacrificarlo al futuro, sin aniquilarlo en los proyectos y los programas, sin considerarlo simplemente un momento que se ha de pasar pronto para alcanzar cualquier otra cosa", escribe ahí.
Ser dueño de la propia vida y vivirla en el presente. Estar abierto a lo que sucede, aún cuando entonces se corra el riesgo de poner todo entre paréntesis: estar dispuesto, vaya, a convivir con las grietas de lo que se ha sido y con el vertiginoso interrogante de lo que habrá de venir después. Ahora que regreso sobre los libros de Magris, con la mirada puesta en su próxima visita al Festival Hay de Segovia, encuentro por todas partes las huellas de la persuasión. Esa disponibilidad, esa capacidad de atención, el amor a los detalles, la desconfianza instintiva hacia las abstracciones inapelables de los sistemas, el gusto por lo inesperado. Los textos de Magris empiezan y enseguida se desvían, se entretienen con algún detalle marginal, vuelven a su curso, de nuevo se pierden, de nuevo se encuentran, dan tumbos, celebran una lectura o un paisaje o un pedazo de la historia, proponen una reflexión, desencadenan un cortocircuito. La literatura de Claudio Magris tiene el aire de algo que se está haciendo. De algo que se está viviendo. Por eso muchas de sus frases parecen directamente una interpelación. He aquí algunas de ellas:   
“El deseo de avanzar con los tiempos, y de fundirse en su cortejo, es la regresiva y fascinante nostalgia por liberarse de cualquier tipo de opción y conflicto, o sea de la libertad, y de encontrar la inocencia en la convicción de que es imposible ser culpables porque es imposible elegir y actuar de forma autónoma”. (El Danubio)
“Escribir significa saber que no estamos en la Tierra Prometida y que no podemos llegar nunca allí, pero continuar con tenacidad el camino en esa dirección, a través del desierto”.(Microcosmos)
"Si la identidad es el producto de un querer, es la negación de sí misma, porque es el gesto de uno que quiere ser algo que evidentemente no es y por lo tanto quiere ser distinto de sí mismo, desnaturalizarse, mestizarse". (Microcosmos)
"Los poetas saben esconder la profundidad en la superficie, decía Hoffmannsthal, disimular los abismos más inquietantes en la levedad de la sonrisa y de lo aparentemente fútil, como sucede en Sterne, haciendo sentir de ese modo todavía más intensamente los vértigos de esa oscura vorágine". (Utopía y desencanto)

José Andrés Rojo (La Paz, Bolivia, 1958) entró en El PAÍS en 1992. Entre 1997 y 2001 fue coordinador de sus páginas de libros y entre 2001 y 2006 ha sido jefe de la sección de Cultura del diario. Licenciado en Sociología, su último libro publicado es Vicente Rojo. Retrato de un general republicano (Tusquets, 2006), XVIII Premio Comillas
EL PAÍS


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