lunes, 16 de junio de 2014

Ana de La Reguera / Me enseñaron a ser dueña de mi propio destino

Ana de la Reguera

Ana de la Reguera
ME ENSEÑARON A SER DUEÑA
DE MI PROPIO DESTINO
Entrevista con la actriz mexicana 






La artista habla a propósito de ser la imagen para Latinoamérica de la firma cosmética Ésika.


 
Foto: Ésika
"No quiero que me digan que debo ser igual a otra persona para triunfar": Ana de La Reguera.
Esta veracruzana de figura menuda y cabellera oscura confirma que cuando se habla de belleza no hay nada que atraiga más que esa perfección de la imperfección. Ante un enjambre de periodistas de México y de Latinoamérica, ella, recordada por sus interpretaciones en las series 'Royal Pains', 'Anger Management' o en la cinta 'Paraíso Travel', y que aparece en la lista de las latinas más deseadas de revistas masculinas o sitios de internet, confiesa que no se considera la más guapa. Cuando lo dice no suena a la frase de cajón de alguien que se sabe admirado. Y tiene razón. No será la más guapa, pero su carisma atrapa.
Tras su pequeña confesión, Ana, la nueva embajadora de belleza de Ésika para 15 países de América Latina, señala una pequeña protuberancia en su nariz y se acaricia las orejas, que considera grandes, pero ni se preocupa en esconderlas. “He aprendido a aceptar mis defectos, pero me enfoco en mis cualidades”, dice. Y al instante recuerda que en sus días en la escuela de actuación le molestaba la insistente sugerencia de los maestros para que corrigiera sus ‘imperfecciones’ con cirugías. “Me decían ‘ponte senos, opérate la nariz y las orejas’, pero, ¿por qué iba a hacerlo? ¿Por qué querría ser otra persona? No deberían crearnos esas inseguridades. Se debe trabajar más en la autoestima y en el valor de ser diferentes”.


Por esa determinación y autoestima fue elegida para representar esta marca cosmética, cuyo eslogan ‘Tú y tu belleza lo pueden todo’ le cae como anillo al dedo. “Y no es la belleza entendida en su sentido más superficial, el de la apariencia física –insiste–, sino en el del encanto que da el empoderamiento que tiene cada mujer cuando está segura de lo que es”.
En la entrevista, la mexicana seduce con un discurso motivador y sentido, con frases que no parecen hechas ni preparadas. Pero a las 12 del mediodía, un fuerte remezón obliga a detenerla. La naturaleza, literalmente, nos mueve el piso. Ana salta de su silla como un resorte y disimulando un poco su angustia, solo nos dice: “¡Está temblando!”, y en cuestión de segundos sale en busca de la calle. No es la única; su séquito de colaboradores la sigue en el descenso de los tres pisos del Hotel Sheraton María Isabel en el Paseo de la Reforma, en Ciudad de México.
“¡Tómale fotos!”, decía un hombre que la reconoció en la calle. De inmediato, su equipo lo impide. No puede registrarse la expresión de la actriz, y menos bajo esas circunstancias. Ella con amabilidad se rehúsa a ser fotografiada y recuerda que la noche anterior, cuando estaba en el piso 17 del hotel, presintió que iba a temblar. Lo dice mientras engaña el hambre y desayuna con nueces que le da uno de sus asistentes.
Media hora después, tras confirmar que no hubo víctimas ni daños qué lamentar con el movimiento telúrico que alcanzó los 6,7 grados en la escala de Richter, se autoriza el reingreso al hotel para retomar la entrevista.



Ana, como tratando de disipar el malestar, recuerda que la última vez que estuvo en Colombia fue en el 2006 para presentar la película 'Paraíso Travel'. “Amo como bailan salsa y cumbia y recuerdo cómo les gusta la rumba”, dice.
Acto seguido, para aprovechar los 10 minutos interrumpidos de entrevista, cuenta lo que la atrae de ser embajadora de belleza en 15 países: “No tiene precio ayudar a que cada mujer trabaje en su realización personal, gane seguridad y esperanza, fortalezca su confianza y quiera alcanzar sus sueños”.
Su historia encaja perfecto en eso. Creció en Veracruz en un hogar tranquilo de clase media. Hija de una ex reina de belleza, mantiene a su mamá presente a lo largo de la conversación “porque ella ayudaba a mi padre a sostener la casa con la venta de productos de belleza por catálogo, y mira las vueltas que da la vida; ahora yo trabajo con una marca que procura que la mujer se sienta mejor y luche por su independencia”, dice.


¿Por qué le interesa empoderar y motivar a las mujeres?
Cuando ayudas a que alguien se vea mejor y tenga más autoestima, se siente muy bien. Hago eso con las mujeres de mi Fundación Veracruzana, en La Antigua, región turística del puerto veracruzano afectada por el huracán Karl. Tengo una casa donde las capacitamos para que formen sus propios negocios y atiendan mejor a los turistas. Les damos clases de inglés y de artesanías.
Ana de La Reguera
"No me gusta el photoshop. Cuando me veo en fotos a veces me digo: ¡Esta no soy yo!”, dice de La Reguera.
¿Cuál es su lección de belleza?
Aprender a valorarnos. Las mujeres gastamos mucho tiempo pensando en lo que menos nos gusta de nosotras, en vez de invertirlo en lo que nos hace diferentes y ser la mejor versión de sí mismas.
Y la mejor enseñanza recibida...
Ser siempre agradecida y nunca dar las cosas por hecho. Me lo enseñaron mis padres.
Cada mujer tiene una relación distinta con el espejo. ¿Ana cómo se ve?
Tenemos muy buena relación porque mi autoestima es alta. Sé que tengo mis defectos, y a veces no me veo muy bien, pero no soy crítica en el sentido de que tengo que ser perfecta. Me relajo, si no la estaría pasando muy mal.


Lo que más le gusta de sí misma...
Cómo me veo a mis 37 años, lo que he logrado hasta el momento, que soy bastante natural y he sobrepasado las exigencias de mi carrera sin cambiar lo que soy, sin modificarme.
Como embajadora de una marca de belleza, ¿qué tan vanidosa es?
Puedo salir de la casa sin maquillaje. Solo uso brillo o labial. Claro, si voy a trabajar me encanta estar bien presentada, que me vean lo más guapa posible, pero no soy de las que gastan más de una hora en producirse para salir a la tienda.
¿Siente que la imagen de la mujer latina ha cambiado en los últimos años?
Ha crecido muchísimo en los últimos 40 años, y lo digo por lo que vi en mi mamá: la mujer es la que más trabaja, la que más dinero lleva a la casa y la que más se reparte en las labores del hogar. Somos trabajadoras, pero nos tomamos el tiempo para vernos mejor. En Estados Unidos, donde vivo, las latinas somos más pulcras y queremos estar bien a pesar de que tenemos más dificultades para llegar a casa, atender al esposo y a los hijos. Somos más femeninas y nos gusta usar tacones y oler rico.
¿Qué tanto la sensibiliza interpretar a mujeres con una carga emocional fuerte?
Cada papel enseña, como el de Lorena Guerra en 'Capadocia'. Vi que muchas mujeres están en la cárcel por robar un litro de leche para darles de comer a sus hijos, en su desespero porque el esposo las dejó y no tienen la oportunidad de trabajar. Tomaron una decisión incorrecta, pero aprendí a juzgarlas menos.
¿Se ha sentido discriminada por su tipo de belleza?
Me pasa todo el tiempo. Hay mucho estereotipo, sobre todo con los mexicanos. Para ciertos personajes me dicen que no soy lo suficientemente guapa, alta, joven, voluptuosa o morena. Lo que más sucede es que me ven sofisticada para ciertos personajes. A lo mejor piensan que una mexicana no puede serlo, pero sí lo somos.


¿Por qué insiste en que no la educaron para casarse?
Me enseñaron a ser dueña de mi propio destino, sin depender de nadie más. Mi mamá nos crió a mi hermana y a mí con la idea de ‘trabaja, realízate, viaja, vive y, bueno, si encuentras a un hombre maravilloso... Si no, sigue tu vida’.
¿Por qué dice que la edad no debe limitar la realización personal?
Los últimos 20 años han sido de un gran cambio para nosotras. Tengo 37 y me siento superjoven, me veo mejor que nunca y tengo más ganas de trabajar.
Pero le ha pasado que después de los 30 la hayan considerado vieja para ciertos papeles…
Sí, pero como actriz hay personajes que empiezan a ser más interesantes conforme a la edad. No me preocupa; estoy muy contenta con lo que ya hice, además me daría mucha flojera volver a tener 20 años. Veo a las niñas de esa edad y me digo ‘qué delicia que ya no tenga que estar en ese momento’ (risas).
¿Qué significado tiene la muerte?
No le tengo tanto miedo a la muerte; bromeo mucho con el tema. No soy muy miedosa con los temblores ni tampoco me pongo a pensar que mañana me voy a morir así o en un accidente. Si tiembla, como pasó hoy, pues nada, hay que correr. La vida es corta.
* Esta entrevista se realizó en México gracias a una invitación de Ésika.
FLOR NADYNE MILLÁN M.


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