viernes, 30 de noviembre de 2007

García Márquez entrega el Premio Juan Rulfo a Rubem Fonseca

Rubem Fonseca y Gabriel García Márquez
Guadalajara, 2003

García Márquez entrega el Premio Juan Rulfo 

a Rubem Fonseca

La Feria del Libro de Guadalajara celebra la brillante obra del escritor brasileño

JOSÉ ANDRÉS ROJO Guadalajara 30 NOV 2003

"Juan Rulfo sigue teniendo algo que decir a sus lectores y sigue teniendo algo que enseñar a sus colegas de oficio". Con esas palabras terminó Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) su breve intervención para agradecer el premio que Gabriel García Márquez le entregó ayer en la ceremonia de inauguración de la XVII edición de la Feria del Libro de Guadalajara, en México. Fue un acto cargado de emoción, en el que los dos grandes colosos de la literatura latinoamericana fueron ovacionados por un público entregado.
A lo largo de los pasillos de la Feria del Libro (FIL) cuelgan las imágenes de los diferentes escritores que han ganado el prestigioso Premio Juan Rulfo, y junto a ellas hay una frase que define el talante de cada uno de ellos. "Soy un hombre consumido por el presente", se lee en la que figura al lado del rostro de Rubem Fonseca. Y es verdad que es el presente de Brasil, el mundo cotidiano de sus hombres y mujeres, el que ha alimentado su literatura entera, cargada de latigazos fulminantes y que revela con una prosa descarnada y llena de sentido del humor el frágil esqueleto de unas gentes que habitan una realidad cargada de violencia y a las que el autor se acerca con una inmensa ternura.
Rubem Fonseca no concede entrevistas. Considera que cuanto tiene que decir está en sus obras. No es amigo de campañas de promoción y si firma, que los firma, manifiestos de apoyo a distintas causas lo hace sólo si su nombre no aparece en primer lugar. El fallo del jurado del Premio Juan Rulfo (dotado con 100.000 dólares), concedido por unanimidad, destaca de Fonseca el haber renovado la prosa narrativa en lengua portuguesa, aprovechando y reelaborando las formas de la literatura popular (la novela negra, la política, la social, la erótica). Resalta también su estilo directo, su poética tremendamente personal y su capacidad para reflejar la condición del mundo contemporáneo.
Las pocas palabras que dijo Rubem Fonseca las dijo en portugués y habló despacio. Recordó la vieja anécdota que cuenta García Márquez: hace mucho, un día llegó Álvaro Mutis y le entregó el Pedro Páramo, de Juan Rulfo, "para que aprenda". Su lectura fue una conmoción para el escritor colombiano y lo fue también, contó Fonseca, para él mismo cuando lo leyó por primera vez.
La presencia de Rulfo, pues, llenó los primeros pasos de esta FIL, que tiene a Fonseca como uno de sus grandes protagonistas y a Quebec como invitado de honor. Como todos los años, hubo discursos de distintas personalidades políticas y académicas. La semblanza de Fonseca la hizo Jorge Sánchez, cónsul mexicano en Río de Janeiro, la ciudad donde vive el escritor brasileño desde los ocho años. García Márquez prefirió no hablar ("yo le entrego el premio al flaco Fonseca pero no me pongas ante el terror de tener que escribir algo para una fecha concreta", cuenta que le dijo). Sánchez habló de las dificultades de dar cuenta de un personaje tan esquivo, trazó sus grandes coordenadas biográficas, se detuvo en los problemas que tuvo con la censura de su país (tacharon uno de sus libros de atentado a la moral y a las buenas costumbres y también lo acusaron de incitar a la violencia y de hacer apología del crimen) y analizó los distintos niveles de su escritura, además de llenar su intervención con divertidas anécdotas y brillantes citas de los libros de Rubem Fonseca.
En cuanto a Quebec, fue la ministra de Cultura de la región canadiense, Line Beauchamp, la que se encargó de hacer la presentación oficial. Dijo que una cita de estas características es decisiva para potenciar, reforzar y reafirmar la diversidad cultural, y se refirió a algunas de las semejanzas que comparten México y Quebec: proceden de antiguas colonias europeas, su población es mayoritariamente católica, hablan lenguas surgidas del latín, tienen un vecino poderoso (EE UU) y, sobre todo, insistió, comparten el "sentido de fiesta". Ésa fue la clave, y la invitación para estos días: pasarlo bien.


jueves, 29 de noviembre de 2007

Rubem Fonseca / Rulfo siempre tendrá qué decir y qué enseñar

Rubem Fonseca
Rubem Fonseca
"Rulfo siempre tendrá qué decir 
y qué enseñar"
BIOGRAFÍA DE JUAN RULFO

 El escritor brasileño recibe en la FIL el galardón que lleva el nombre del jalisciense

 Acude García Márquez al encuentro libresco para acompañar en la premiación a su amigo El Flaco 

 El agasajado se abstiene de sus recurrentes efugios y recorre los tendidos de la feria

MONICA MATEOS-VEGA Y JOSE DIAZ ENVIADA Y CORRESPONSAL

Guadalajara, Jal., 29 de noviembre de 2003. La presencia de Gabriel García Márquez a la inauguración de la 27 Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) provocó que el auditorio donde se celebró el acto se abarrotara. El Nobel colombiano explicó que su asistencia se debía a que deseaba entregar personalmente el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo a su amigo El Flaco: el brasileño Rubem Fonseca.
Ambos escritores fueron recibidos de pie, con una larga ovación que confirmó la presencia de fieles apasionados a la literatura. Fonseca, poco afecto a la vida pública y a la prensa, simplemente se dejó querer, y en su breve discurso de aceptación del galardón manifestó su admiración por Juan Rulfo.
El narrador relató la tarde en que García Márquez dio un libro al escritor Alvaro Mutis con la recomendación: "lea para que aprenda". Se trataba de Pedro Páramo, novela con la que, "cuenta Gabo, se pasó toda una noche leyendo y nunca sintió una conmoción tan grande, a excepción de cuando leyó La metamorfosis, de Kafka, en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá".
''Era un secreto'', interrumpe García Márquez, bromeando.
Fonseca continúa: "en Gabo ese asombro permaneció intacto. Leí Pedro Páramo y El llano en llamas en una traducción portuguesa, y sentí el mismo impacto. Quedé impresionado con la riqueza de los personajes de Rulfo, que hacen que el lector participe creativamente, mezclando aquello que ha vivido con aquello que ha imaginado, que ha soñado o que es real.
''Carlos Fuentes dice que con Pedro Páramo Juan Rulfo percibió que toda gran visión de la realidad es un producto de la imaginación. Quizá es cierto, y como dice un filósofo, una realidad es una realidad de la imaginación.
''En mayo de 1993 estuve aquí, en México, participando en un homenaje a Juan Rulfo. En aquella ocasión recibí de regalo una foto de él, grabada en metal, la cual tengo en mi librero y la veo constantemente. Pero Rulfo no está reposando, callado en nuestros estantes de libros. Rulfo está entre nosotros, continuamos oyendo lo que él quiere decir. Porque Rulfo tendrá siempre qué decir a sus lectores y qué enseñarnos a sus colegas de oficio."
Jorge Sánchez ofreció una semblanza de Fonseca y reveló por qué el escritor brasileño prefiere permanecer en el anonimato: "él dice que si nadie sabe quién es puede espiar ferozmente a su alrededor''.
Agregó que a 40 años de la aparición de su primer título, Los prisioneros, Fonseca asegura que todo lo que tiene que decir está en sus libros, ''y ha conseguido mantener, ante el asedio de conocidos y desconocidos, un personaje que a veces se confunde con ese yo, primera persona de sus novelas.''
Lo calificó de "espléndido escritor, con una prosa impresionantemente ágil, económica y fulminante, de frases certeras, llenas de humor, a veces negro, no pocas veces pegajoso y acre."
También recordó cuando en 1976 Fonseca fue perseguido por la justicia brasileña, por "atentar contra la moral y las buenas costumbres" con su libro Feliz Año Nuevo. La novela se convirtió en "símbolo y ejemplo de la intolerancia. El escritor emprendió una acción legal contra la unión, lo que significaba demandar a las cámaras legislativas y señalar que el Estado no puede tener el arbitrario poder de prohibir un libro''.
Fonseca ganó la batalla, y a partir de entonces se convirtió en un relator de las injusticias y perversiones de la sociedad que le tocó vivir, en un "inventor de las palabras''.
''Que nadie se engañe: el lenguaje de Rubem Fonseca es altamente sofisticado; el habla de los marginales, por ejemplo, es siempre recreada, lo que le da la autonomía y la resistencia que no se encuentran en las prosas naturalistas condenadas a envejecer, como envejece la jerga callejera", citó Sánchez a un crítico brasileño, al abundar sobre la pasión por el cine de Fonseca, el tenor camaleónico de su personalidad y su fobia a los actos públicos: "él ha dicho: preferiría morir que presentarme a firmar libros".
No obstante, al término de la premiación, Fonseca recorrió las instalaciones de la FIL (que este año espera recibir 400 mil visitantes), en medio de tumultos y apretujones, siempre con una gran sonrisa y saludos. Su amigo Gabriel García Márquez fue quien protagonizó, como siempre, la graciosa huida ante el acoso de la prensa. Pero Fonseca, inclusive, acudió al brindis de honor por la apertura del pabellón dedicado a Quebec, provincia canadiense invitada de honor de este encuentro, y espera gustoso el encuentro Mil jóvenes con Rubem Fonseca, que se realizará el próximo lunes. 

LA JORNADA




sábado, 20 de octubre de 2007

David Grossman / "Los israelíes somos ya sólo una armadura sin ninguna persona dentro"


David Grossman

"Los israelíes somos ya sólo una armadura sin ninguna persona dentro"



JOSÉ ANDRÉS ROJO
Madrid 20 OCT 2007

En Delirio, una de las dos novelas breves reunidas en La memoria de la piel (Seix Barral), David Grossman (Jerusalén, 1954) cuenta la historia de Shaul, un hombre que embarca a su cuñada Esti en un incómodo viaje nocturno para buscar a su mujer. "Me gustan las situaciones límite", explica el escritor israelí que ayer recibió uno de los premios, el de Letras, que otorga la Fundación Cristóbal Gabarrón. "Y la de los celos es una de ellas. En esa historia tardé 11 años en encontrar al personaje al que Shaul va a contarle su tormento. Probé de todo hasta que un día apareció Esti, y supe que lo que ocurría con ella era verdad". En la otra novela, la que da título al volumen, una escritora desentraña sin ninguna piedad los entresijos de la aventura con un adolescente de su madre moribunda.




"El celoso es aquel que construye un paraíso para ser expulsado de él"
"Cuando llegamos a una encrucijada, elegimos el camino de la violencia"

A David Grossman se le conoce sobre todo por su incansable dedicación a la tarea de conseguir la paz entre israelíes y palestinos. Su obra literaria ha quedado, por desgracia, oscurecida por su activismo político. "En mis libros hay con frecuencia gente que cuenta historias a otra gente", dice. "Cuando pones una historia en palabras te transformas y el que escucha se transforma también. Lo que ocurre es que muchas veces quedas atrapado por la historia que te has contado, que te han contado. Es lo que ha ocurrido con los judíos, que no podemos liberarnos de la condición de víctimas. Ni de sabernos el pueblo elegido, con toda la soledad que deriva de ello".
"Cuando escribo quiero enfrentarme con todos mis fantasmas", cuenta Grossman, "llegar dentro de mí a todos los lugares a los que no me permito llegar. Que todo pueda ser dicho, que salga lo más oscuro y que tome un poco el fresco. No quiero protección, quiero que el suelo tiemble bajo mis pies. Mi talante moderado y conciliador lo dejo para la política, que es donde hace falta. Al escribir prefiero escarbar en emociones extremas. Y los celos son de lo peor que hay en nosotros. La paradoja es que no quieres dejar de ser celoso cuando su veneno te ha atrapado. Y es que hasta las personas más sosas se transforman cuando están quemadas por ese fuego y son capaces de imaginar las situaciones más escabrosas e inverosímiles. No serían nada si no fueran celosos. El celoso es aquel que construye un paraíso para ser expulsado de él".
El año pasado, el 12 de agosto, dos días después de haber reclamado el cese de hostilidades entre Israel y Líbano en una rueda de prensa junto a los escritores Amos Oz y A. B. Yehoshua, uno de los hijos de David Grossman, Uri, murió en una de las incursiones de las fuerzas israelíes en territorio libanés al ser alcanzado por un misil antitanque de Hezbolá. Cuando el escritor relata un reciente viaje con su familia a Perú y Bolivia, repitiendo uno anterior que habían hecho con Uri, el dolor atraviesa su rostro como una ráfaga. "Los palestinos y los israelíes no hemos dejado de actuar contra nuestros propios intereses. Cuando llegamos a una encrucijada, siempre elegimos el camino de la violencia. De todas las posibilidades, nos quedamos con la guerra. Es como una condena divina".
"No volveremos a contar con la infinita ternura de Uri, la tranquilidad con la que apaciguaba todas las tormentas", escribió poco después Grossman en un artículo, Nuestra familia ha perdido la guerra, publicado ese mismo mes en este periódico. Pierde la guerra la familia de Grossman, pero en realidad la están perdiendo palestinos e israelíes desde hace años. Hace poco, y con la valentía que caracteriza sus intervenciones, Grossman (y Oz y Yehoshua y otros 12 intelectuales) fueron rotundos: pidieron a Olmert que negociara un alto el fuego con Hamás, el partido fundamentalista que domina la franja de Gaza y que incluso la Unión Europea ha proscrito.
"No soy ingenuo", explica el escritor. "Irán quiere borrar a Israel del mapa, y Hamás también. Pero no habrá paz sin ellos y todos estamos cansados de la guerra. Hace 30 años me calificaron de traidor cuando dije que Palestina necesitaba un Estado. Hoy no comparto el optimismo de quienes celebran la separación entre una Palestina fundamentalista y otra moderada. Para que haya paz, los palestinos tienen antes que resolver sus contradicciones internas".
Cuenta Grossman que los israelíes hablan de hamatzan, cuya traducción literal es "la situación", cuando se refieren a los desastres que padecen. Uno de ellos es el muro que los separa de los palestinos. "Ahí vemos al otro como el reflejo de nuestros propios temores. Y no tiene sentido. Pero nos hace falta una frontera fija. Desde que existe Israel sus límites no están definidos, se mueven permanentemente, y por eso existe la tentación de conquistar nuevos territorios. Hemos llegado al punto en que sólo somos una armadura sin ninguna persona dentro. Hay que definir nuestro espacio para saber quiénes somos y quiénes son ellos".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de octubre de 2007



jueves, 6 de septiembre de 2007

Javier Marías gana el Premio Herralde de novela con 'El hombre sentimental'

Javier Marías

Javier Marías gana el Premio Herralde de novela con 'El hombre sentimental'


FIETTA JARQUE
Barcelona 18 NOV 1986


La novela El hombre sentimental, de Javier Marías, ganó ayer en Barcelona la cuarta edición del Premio Herralde, que concede la editorial Anagrama. El galardón fue concedido por unanimidad del jurado. Se trata de la cuarta novela de Javier Marías, ganador en 1979 del Premio Nacional de Traducción. Este año concurrieron 171 obras al certamen literario.
El hombre sentimental trata sobre esa especie en extinción a la que pertenecen los seres que no se recuperan tras una historia de amor terminada. "En esta obra el tratamiento narrativo uniformiza en cierta medida lo vivido, pensado, soñado y conjeturado por los personajes como modos de conocimiento equivalentes de la realidad. Hay una uniformización de lo vivido y todo termina teniendo el mismo rango en la historia", comenta el escritor.En El hombre sentimental un cantante de ópera catalán, conocido como el León de Nápoles y narrador en la obra, cuenta una historia de pasiones llevadas hasta sus últimas consecuencias. últimas consecuencias sólo para él, un hombre sentimental, una especie de Werther desubicado en la frialdad de nuestro fin de siglo.
Se trata de la cuarta novela de Javier Marías, de 35 años. La primera, Los dominios del lobo, fue publicada cuando el autor contaba con sólo 19 años. Luego vinieron Travesía del horizonte (1972), El monarca del tiempo (1979) y El siglo (1983).
"El personaje central de esta novela aparecía ya en mi anterior obra, El siglo. Entonces era sólo un personaje algo perdido que ahora reaparece como narrador. En las últimas tres novelas algunos de mis personajes reaparecen en otra. Mis personajes crean en realidad un locus sin lugar determinado, aunque parezca contradictorio".
"A mis primeras dos novelas se les reprochó el no tener relación con la realidad de la vida española. Yo entonces era muy joven y para mí la realidad era también lo que yo podía ver o vivir desde una butaca de cine. Ambas estaban escritas en tono de parodia. En la primera, sobre el cine hollywoodense, y en la segunda se intercalaban modelos de la literatura inglesa del siglo XIX y principios del XX", comenta Marías. "Esas dos primeras novelas marcaron una etapa que ya he superado, una línea que dejó de interesarme".
De alguna manera en ese momento sostenía la posición beligerante de los novisímos en contra de lo que era la literatura del realismo social. Había entonces un rechazo injusto por todo lo español porque se lo identificaba con el franquismo", afirma Marías.
Traducciones
El ganador del premio Herralde obtuvo en 1979 el Premio Nacional de Traducción por su versión de Tristam Shandy de Sterne. Ha sido también profesor de literatura española en la universidad de Oxford."Mi labor como traductor ha tenido una incidencia muy especial en mi literatura. Traducir es un ejercicio extraordinario para un escritor. A la postre la dicción de la traducción es uno quien la elige. Sin embargo, no estoy de acuerdo con quienes piensan que la traducción es una recreación del texto. Por ejemplo en poesía, pienso que se la puede traducir con entera fidelidad, siempre que no sea rimada, claro".
El jurado del Premio Herralde, dotado con un millón de pesetas, estaba integrado por: Salvador Clotas, Luis Goytisolo, Esther Tusquets, Juan Cueto y Jorge Herralde.
El primer finalista fue el uruguayo Roberto Fernández Sastre con la novela La manipulación. El segundo puesto fue compartido por la cubana residente en Puerto Rico, Mayra Montero, con la novela La trenza de la hermosa luna y el colombiano Evelio Rosero, autor de Juliana los mira. Marías se presentó al premio con el seudónimo de Luis Viella.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de noviembre de 1986 
EL PAÍS

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Adelaida García Morales / Premio Herralde de Novela


Adelaida García Morales, premio Herralde con una novela pasional y onírica


EL PAÍS
Barcelona 16 NOV 1985

Adelaida García Morales obtuvo ayer el Premio Herralde de novela, en su tercera edición, con su novela El silencio de las sirenas. Se trata de una narración que describe la recreación onírica de una pasión sentimental, aunque este tipo de sinopsis, ajenas al texto que las construye, le parecen a la autora, y con razón, una manera un tanto inútil de acercarse a la novela. El premio está dotado con medio milllón de pesetas.
La narración se sitúa en un paraje aislado de Las Alpujarras. Allí, una joven vive una desmesurada historia de amor con un hombre que conoció fugazmente y que reside en Barcelona. La localización no está, comenta García Morales, en función del pintoresquismo del paisaje, sino de su soledad. "En una ciudad no existe quizá tanto la sensación de estar sola. En aquel paraje sí y cualquier persona adquiere una relevancia especial". De ahí la importancia de un segundo personaje femenino que participará de las ensoñaciones de la protagonista a través de unas sesiones de hipnosis.La distancia ya era un tema presente en otra obra de la autora, El Sur, aunque, según ella, mientras en aquella narración la distancia tenía una presencia como tema, en la novela ganadora de anoche es la mera razón de una ausencia que, esa sí, desencadena la ficción. La obra se inicia con una cita de Fernando Pessoa: "Dios permite que lo que no existe sea intensamente iluminado". La búsqueda de giros dialectales de Las Alpujarras, incluidos "con mesura, para dar la palabra a un personaje de la novela, no tiene ninguna pretensión antropológica. Las Alpujarras son un espacio propicio a la historia que cuento, su escenografía y nada más".
La protagonista exterioriza sus sueños de amor ante su nueva amiga entre quienes surge una fascinación mutua. "Aunque domina la experiencia interior, imaginaria, la ficción íntima que crea el personaje sólo existe gracias a las palabras que le dan una consistencia, al margen de que aquello que sueña tenga mucho o poco que ver con la realidad", comenta la autora. No hay en la novela ningún tufo de psicoanálisis, sino el atractivo y misterio de un sueño. Adelaida García Morales reconoce que escribió la novela entre 1979 y 1980. Después, por razones domésticas, la abandonó y regresó a ella este año para terminarla, rehacerla parcialmente.
"Tengo escrita una primera novela inédita donde era evidente que quería transmitir una teoría, evidenciar una estructura. Ahora he abandonado estas pretensiones literarias y he reencontrado el placer de contar historias. Creo que cierta vanguardia", particularmente sus epígonos, "dio una excesiva importancia al lenguaje que, en definitiva, tiene que manifestarse ocultándose para transmitir la realidad que está convocando". En el fondo, su personaje, hace una persecución desesperada de una ficción, en este caso, sentimental.
Finalistas
Adelaida García Morales, de 39 años, es autora de El Sur -narración que fue vertida al cine por Víctor Erice- y Bene. Con todo, la versión cinematográfica de El Sur, por circunstancias de producción, quedó inconclusa por lo que la aproximación al texto de la novelista a través del filme es relativa. En la actualidad trabaja en un conjunto de relatos. "Me interesan particularmente los personajes marginales. No porque sean más interesantes, simplemente porque me atraen con más fuerza". Licenciada en Filosofía y Letras, formó parte del grupo teatral Esperpento de Sevilla. El jurado de esta tercera edición del Premio Herralde estaba compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Luis Goytisolo, Esther Tusquets y el editor de Anagrama, Jorge Herralde. Álvaro Pombo, ganador de la primera edición, acudió a la fiesta literaria en la que se proclamó el premio, que se celebró anoche en un hotel barcelonés.En 1984, el ganador fue Sergio Pitol. Adelaida García Morales presentó el original bajo el seudónimo de Rogelia Infante. Al premio concursaban 111 originales. El jurado concedió, asimismo, una segunda mención ex aequo a las siguientes obras concursantes: Prima donna, de Jorge Ordaz; Los perros, de Ramiro García; Balada negra, de Miriam Delarco y De pe a pa, de Luisa Futoransky. 
* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de noviembre de 1985 
EL PAÍS




martes, 4 de septiembre de 2007

Sergio Pitol obtiene el Premio Herralde

Sergio Pitol

Sergio Pitol obtiene el Premio Herralde con una novela sobre la historia de México


MARC SOLER
Barcelona 16 NOV 1984

El escritor mexicano Sergio Pitol ganó ayer el II Premio Herralde de novela, concedido en Barcelona por la editorial Anagrama, con la narración sobre la historia de México. El título de la obra ganadora es El desfile del amor. Quedaron finalistas Miguel Enesco, con Me llamaré Tadeusz Freyre, Rafael Sender, con Tendrás oro y oro, y Javier Tomeo, con Los niños monstruos. Pitol se presentó bajo el seudónimo de Rodrigo Torres. Al premio concurrieron 102 obras, y el jurado estaba compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Luis Goytisolo, Esther Tusquets y el editor de Anagrama, Jorge Herralde.
"Mi novela es una comedia de enredos donde la parodia, lo esperpéntico y lo grotesco juegan un papel esencial, pero a la vez también es un esfuerzo por recomponer una parte de la historia de México poco estudiada". Con estas palabras, el escritor y diplomático mexicano Sergio Pitol definía El desfile del amor. Editorial Anagrama recogerá próximamente en sus colecciones de narrativa todas las obras de Sergio Pitol, entre las cuales cabe destacar sus dos anteriores novelas: El tañido de una flauta (1972) y Juegos florales (1982).La génesis de El desfile del amor se remonta en el tiempo. Sergio Pitol tenía acumulados diferentes materiales que le resultaban obsesivos. "Fue en Praga, donde resido actualmente" -es el actual embajador de su país en Checoslovaquia- "cuando empezó a cristalizar el proyecto. Un día, paseando por la ciudad, encontré una casa donde había una placa recordando que en ella vivió Egon Erwin Kirsh, un escritor y periodista checoslovaco que,estuvo exiliado en México. Al mismo tiempo leí un par de libros admirables donde se reconoce la figura de Kirsh como gran cronista de la época. Estos dos libros son la novela El rey de las Dos Sicilias, del polaco Kusniewicz, y un ensayo del italiano Ripellino, Praga mágica, sobre los elementos culturales que convergen en dicha ciudad. A partir de ahí empecé a investigar".
Recomponer la historia 
El defile del amor transcurre m México capital durante los años comprendidos entre 1939-1945, y en sus páginas se explica el momento específico en que una ciudad bastante provinciana recibe a la más variada fauna humana que se pueda imaginar: republicanos españoles, la izquierda europea de los países ocupados por el Reich, Trotski, el rey Carol de Rumanía con su corte balcánica, aristócratas mexicanos, banqueros judíos, y todo ello unido por la investigación que lleva a cabo un historiador a nivel académico, pero en la cual acaba por aparecer involucrada su propia familia y él mismo.
Para Sergio Pitol recomponer una parte de la historia poco estudiada es una tarea del novelista latinoamericano. "La expansión demográfica en nuestros países es tan violenta que se hace difícil crear una memoria. Esta memoria resulta esencial en la creación de la identidad nacional. No soy sociólogo ni político, pero con el tiempo se me vuelve más necesaria esta preocupación de luchar contra la erosión y la desintegración de la historia. Para bien o para mal, estamos al lado de una gran superpotencia que tiende a avasallarnos tecnológicamente, y quizá por ello ese recomponer la historia sea una característica de la narrativa mexicana desde sus orígenes".
En algunas de las obras de Sergio Pitol, especialmente en sus cuentos, aparece al fondo el tema de la literatura como motivo de reflexión. El escritor lo explica así: "Hay siempre una preocupación por la creación artística. Un regusto en establecer la forma de la creación, los métodos, los sinsentidos de la creación como tema de la narración. También se da en mi primera novela, El tañido de laflauta. Creo que en nú literatura hay un elemento que es la tensión que se establece entre dos movimientos sincrónicos: la fuga del seno materno y la vuelta a él. Esto no quiere decir, desde luego, que yo sea un escritor freudiano o psicológico. Me interesan más las formas externas, como posibilidad de transmisión: la ópera, por,ejemplo. O ciertos géneros subliterarios, como la novela policial o de misterio, sujetas a normas canónicas pero a la vez capaces de extremar algunos de sus elementos, infiriéndoles una mayor intensidad. La atmósfera es fundamental. Como lo es también el canon estilístico".
Otro de los aspectos característicos de Sergio Pitol son las geografías por las que ha transitado su vida. "He sido siempre", explica, "un enamorado de las literaturas periféricas. Las modas literarias, las supereditoriales, las grandes metrópolis aniquilan cualquier posibilidad creadora. Toda mi formación está situada en culturas periféricas. Vivir en un enclave lingüístico donde la vida cotidiana transcurre en medio de tres o cuatro lenguas es apasionante y enriquecedor. Algunos de los logros literarios de este siglo surgen de esta vibración que se establece entre una cultura lejana y la metrópoli: Irlanda, Austria, Polonia... O los escritores rusos del XIX: ellos también son literatura periférica. La ignorancia en tomo al Premio Nobel de Literatura de este año es un ejemplo de lo que digo".
* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de noviembre de 1984

EL PAÍS