domingo, 22 de abril de 2018

Cuba y las putas del socialismo / Cortesanas de la utopía

Bellísima habanera
El Malecón, La Habana, Cuba
1 de noviembre de 2015
Foto de Triunfo Arciniegas

Cuba y las putas del socialismo

Cortesanas de la utopía

El castrismo prohibió la prostitución por ser algo propio del capitalismo, pero ésta simplemente transformó su formato. Primero, sobrevivió a cambio de poder e influencias: después, el dinero volvió a la ecuación. La penuria hizo el resto.


YOANI SÁNCHEZ
11 MAR 2017 - 18:00 COT


Cortesanas de la utopía
EULOGIA MERLE

Una prostituta envejecida es como un libro con páginas ajadas que describe la vida de una nación. Un manual de supervivencia para acercarse a los vaivenes de la realidad, aprender su parte más carnal y por momentos sórdida. Muchas de las cortesanas de la utopía en Cuba ya son octogenarias. Pasaron de acariciar el pecho de sus ídolos barbudos a que la artritis las azote en las largas filas para comprar el pan.
Hace más de medio siglo en esta isla se decretó el fin del intercambio de sexo por dinero. Nadie, nunca más, vendería su cuerpo por un poco de comida, por una posición social o un mejor empleo. Las putas eran cosa del pasado capitalista y en el país que se encaminaba a la utopía no había espacio para tal debilidad. Tenían que transformarse en milicianas, en trabajadoras destacadas e intachables madres del homre nuevo.
Pero la prostitución, ¡ay!, siguió existiendo. Como la lotería que se sumergió en la ilegalidad tras ser proscrita y los chistes contra el Máximo Líder que se protegieron en los susurros, el oficio más viejo del mundo se rodeó de sombras. Los clientes ya no eran nacionales con unos pocos pesos para gastarlos en el burdel más cercano, ni marineros deseosos de recuperar en el trópico los largos días de continencia en altamar.
En lugar de eso, la meta de las cortesanas socialistas era terminar en el lecho con un guerrillero bajado de la Sierra Maestra, capturar a algún jerarca del Partido Comunista o liarse con un ministro que le proveyera de carro, viaje al extranjero o casa. El dinero en efectivo no participaba en la operación. Ella daba caricias y él devolvía poder. Eran los años de la poligamia revolucionaria, en que un comandante que se respetara necesitaba tantas queridas como medallas.
El proxeneta se transformó. Proliferaron los jefes de protocolo que conectaban a estas dedicadas compañeras con los visitantes extranjeros invitados por la Plaza de la Revolución. Con ropa ajustada amenizaban las fiestas donde guerrilleros latinoamericanos intercambiaban copas con etarras, líderes sindicales y diplomáticos de Europa del Este. Ellas reían y flirteaban. La Revolución es puro amor, pensaban ellos.
La caída de la Unión Soviética ocasionó un cataclismo en aquellas camas donde se intercambiaban sudor e influencias, semen y privilegios. Con el fin del subsidio llegado desde el Kremlin y las reformas económicas que el oficialismo se vio obligado a hacer, el dinero recuperó su capacidad de convertirse en bienes, servicios y caricias. La nueva generación de prostitutas había leído a Carlos Marx, declamado a Nicolás Guillén y echado flores al mar tras la desaparición de Camilo Cienfuegos. Eran, al decir de Fidel Castro, las más cultas del mundo.

La meta de las cortesanas socialistas era terminar con un guerrillero bajado de la Sierra Maestra

El turismo internacional entró a mediados de los años noventa con sus bebidas enlatadas, sus hoteles prohibidos para nacionales y sus damas de compañía rebautizadas como jineteras. La propaganda oficial había vociferado por todo el mundo que Cuba fue antes de enero de 1959 “el burdel de los americanos”, pero chocó entonces con la evidencia de que la isla se erigía como el prostíbulo de europeos y canadienses.
Eran los años del remate, de los precios ridículos. Un jabón, un frasco de champú o un par de zapatos bastaban para pagar los favores de estas jóvenes que habían sido formadas para habitar el futuro y terminaban en la cama con un hombre que les triplicaba la edad y del que ni siquiera sabían pronunciar el nombre. El sueño que acariciaban muchas de ellas se resumía en un contrato de matrimonio, la emigración y una nueva vida lejos de Cuba.
Hoy, muchas de aquellas gráciles cortesanas —que inundaron con vestimenta colorida las afueras de las discotecas— se han transformado en madres o abuelas que pasean a su prole por un parque en Milán, Berlín o Toronto. Con sus pensiones compran apartamentos en la isla y regresan dispuestas a pagar por un amante joven, que suspire ante el pasaporte con la nueva nacionalidad que ellas adquirieron con el sudor de su pelvis.

El deshielo entre Washington y La Habana ha potenciado también el mercado carnal

Son las sobrevivientes airosas de una dura batalla, pero otras solo lograron una enfermedad venérea, largas noches en los calabozos y el trato de groseros clientes que regateaban hasta el último beso.
La respuesta oficial contra las jineterasse concentró en la represión. Detenciones, condenas a prisión y deportaciones forzadas hacia su provincia de origen, fueron algunos de los rigores que debieron sortear estas trabajadoras del sexo. El chulo cobró importancia en la misma medida en que la calle se volvió un riesgo. Ahora, muchas aguardan en una habitación, ellos consiguen al cliente, cobran el dinero y administran sus vidas.
Floreció también la prostitución masculina. Los conocidos pingueros no resultaban tan mortificados por la policía en un país donde la tradición machista no estigmatiza igual a la mercancía que viene empaquetada en cuerpo de mancebo. Ellos logran burlar la vigilancia y llenan cada espacio del territorio nacional donde el acento delata a un visitante. Pueblan el muro del Malecón, muestran sus endurecidos bíceps en las playas más turísticas y la mayoría ofrece un servicio unisex que duplica sus posibilidades y amplía sus ingresos.
Porque el dinero, ¡ay!, siguió comprando cuerpos. Mucho más en un momento en que una nueva clase emerge a tropezones entre los despojos económicos. Los nuevos ricos no llevan uniforme militar, sino que regentan restaurantes privados o administran una empresa mixta. De la mano de ellos el cliente nacional se ha vuelto a colar en la foto de la prostitución cubana.
El incremento de las desigualdades sociales y el boom turístico que ha vivido la isla desde el comienzo del deshielo diplomático entre La Habana y Washington han potenciado también el mercado carnal. En 2016 el país alcanzó la cifra récord de cuatro millones de visitantes internacionales. Los más solicitados vuelven a ser los clientes llegados del país del Norte, esos yumas que la propaganda oficial creyó haber extirpado de los burdeles.
En el reciente Simposio Internacional Violencia de Género, Prostitución, Turismo Sexual y Trata de Personas realizado en enero pasado en La Habana, un investigador del Ministerio del Interior reveló cifras alarmantes. De un grupo de 82 prostitutas que estudió la mayoría eran “mestizas, seguidas por blancas y negras, provenientes de familias disfuncionales y permisivas, que viven en condiciones de hacinamiento”.
Estas mujeres se lanzan a los brazos de los turistas porque “no pueden cubrir las necesidades básicas de alimentación, vestido y calzado”. Una de cada tres se inició en el oficio antes de los 18 años y “cobran entre 50 y 200 dólares”, en dependencia del servicio que brinden.
No buscan lujos, sino migajas. Son las nietas de aquellas cortesanas que jadeaban entre consignas y privilegios.
Yoani Sánchez es periodista cubana y directora del diario digital 14ymedio.



Yoani Sánchez / ‘Che’ Guevara, el mito desteñido

Che Guevara
Fotografía de Alberto Korda
5 de marzo de 1960.



‘Che’ Guevara, el mito desteñido

El revolucionario argentino no está superando bien el juicio de la Historia. Sigue siendo un buen negocio para los nostálgicos, pero ya no es admisible su idea del “odio como factor de lucha” y el modelo de gerrillero que propuso ha fracasado


YOANI SÁNCHEZ
13 ENE 2018 - 18:00 COT




‘Che’ Guevara, el mito desteñido
NICOLÁS AZNÁREZ

Hace casi cuatro décadas, cuando aprendía el abecedario, me tocó decir mi primera consigna política, la misma que repiten todavía cada mañana miles de niños cubanos: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Con la diferencia de que hoy la figura del guerrillero está muy cuestionada en muchas partes del mundo, menos en Cuba.





El hombre que posó para tantos fotógrafos, que quedó inmortalizado en un retrato con boina y mirada perdida, no está superando bien el juicio de la Historia. En estos tiempos, en que la violencia y la lucha armada son cada vez más reprobadas públicamente, emergen los detalles de sus desmanes y las víctimas de aquellos años comienzan, finalmente, a ser escuchadas.
Ernesto Guevara, el argentino que ha cautivado a cineastas, escritores y periodistas, no atraviesa un buen momento. Poco importa si su rostro sigue reproduciéndose en infinidad de camisetas, banderas o ceniceros en todo el planeta, porque su mito se destiñe en la medida en que se conoce más al personaje que realmente fue. La verdad sale a flote mientras él se hunde.

Yoani Sànchez / La justicia revolucionaria

La ventana
La Habana Vieja, 3 de noviembre de 2015
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Yoani Sánchez
LA JUSTICIA REVOLUCIONARIA

La distancia entre el Capitolio habanero y la Ciudad Deportiva sigue siendo la misma y, sin embargo, parece haber cambiado. Con los precios topados que impuso el Gobierno local a los recorridos de los taxis privados, ese trayecto se ha vuelto inmenso y difícil de sortear. Donde antes se necesitaban entre 5 y 15 minutos de espera, ahora hace falta aguardar hasta una hora para subir a un almendrón.

sábado, 21 de abril de 2018

Willy Ronis / Uno de los grandes cronistas de la vida parisiense


Foto de Willy Ronis


WILLY RONIS, UNO DE LOS GRANDES CRONISTAS DE LA VIDA PARISIENSE DEL SIGLO XX


Willy Ronis, uno de los grandes cronistas de la vida parisiense del siglo XX.

Reflexiones en QuitarFotos por Iván Barreiro.

“Jamás he buscado lo insólito, lo nunca visto, lo extraordinario, sino más bien lo más típico de nuestra vida cotidiana.”

Willy Ronis nace en París en 1910. De padre fotógrafo y madre maestra de piano, desde muy joven está rodeado de un universo musical que lo envolverá a lo largo de su carrera e inmerso en el ambiente del estudio fotográfico.

Willy Ronis / Fotógrafo francés


Willy Ronis
Fotógrafo francés

Willy Ronis es considerado como uno de los padres de la corriente humanista de posguerra, pero no es sólo eso, sino que fue un hombre con una gran sensibilidad artística, que supo captar en todo momento la realidad cambiante de su época y trasladarla a sus fotografías.

Yoani Sánchez / Adiós a los Castro


Adiós a los Castro

El sueño de la normalización en Cuba ha durado poco. Ante el dilema de conservar todo el poder o ceder una parte, para evitar una fractura dramática, Raúl no se diferenció mucho de su hermano y eligió el control absoluto


YOANI SÁNCHEZ
20 ABR 2018 - 17:00 COT

Uno impulsivo y otro pragmático, uno carismático y el otro carente de cualquier magnetismo, los hermanos Fidel y Raúl Castro han dejado su apellido marcado a sangre y fuego en la historia cubana de los últimos sesenta años. Esta semana el relevo generacional llama a la puerta del poderoso clan familiar que planea salir del foco central pero no alejarse demasiado del poder.
Hubo un tiempo en que los niños cubanos calculábamos la edad que tendríamos cuando llegara el nuevo siglo. Imaginábamos convertirnos en adultos en un milenio teñido con el rojo de la bandera comunista, donde no circulaban el dinero ni la miseria. Sin embargo, el muro de Berlín cayó, la ilusión estalló en mil pedazos y nuestra aritmética personal pasó a contar los años que íbamos a tener cuando cayera el castrismo.
Ese día ha llegado, pero no como pensábamos. En lugar de un épico derrocamiento con la gente en las calles enarbolando banderas, al régimen cubano le ha tocado irse destiñendo como una vieja fotografía: sin gracia ni romance. Ese proceso comenzó hace doce años cuando Fidel Castro enfermó y transmitió el mando del país, por vía sanguínea, a su hermano menor.
A Raúl Castro le tocó lidiar con la compleja herencia recibida. Una nación en números rojos, con una creciente apatía ciudadana, un éxodo que desmentía el supuesto paraíso socialista que narraba la propaganda oficial, un entramado de prohibiciones que hacían la vida cotidiana asfixiante y una deficiente institucionalidad que languidecía bajo los caprichos del Comandante en Jefe.


El menor de los Castro tendrá que construir su legitimidad sobre los resultados de su gestión

“Sin prisa pero sin pausa” fue el lema elegido por el raulismo para tratar de arreglar algunos de aquellos entuertos. El General llegó a ganarse el irónico calificativo de “revolucionario paulatino” porque ante la mayoría de los acuciantes problemas se mostró más con el estilo de un cauteloso y rancio conservador que con el ímpetu de un antiguo guerrillero.
Lo primero que hizo fue desmantelar el fidelismo, ese sistema personalista que su hermano edificó a su imagen y semejanza: caprichoso, violento, numantino y vocinglero. Sin dejar de apretar la mano represiva, el hermano segundón puso fin a varias “prohibiciones absurdas”, como las llamó entonces, que hacían más visibles y rígidos los barrotes de la jaula nacional.
Orientado en la dirección correcta, pero con una velocidad de quelonio y una profundidad epidérmica, Castro II autorizó la compraventa de viviendas, paralizada por décadas; permitió que los nacionales pudieran contratar una línea de telefonía celular, hasta entonces un privilegio del que solo disfrutaban los extranjeros; y lanzó una reforma migratoria en la isla-cárcel.
De su mano se impulsó el sector privado, bajo el eufemismo de trabajo por cuenta propia; el país se abrió a la inversión extranjera y se entregaron en usufructo miles de hectáreas de tierra que llevaban años improductivas. Incluso se redujeron los actos ideológicos públicos, se sepultaron las campañas políticas masivas a las que su hermano fue adicto y se impulsó un proceso de contraloría para tratar de atajar el despilfarro, la corrupción y la ineficiencia en las empresas estatales.
En esos años, entre julio de 2006 y enero de 2013, Raúl Castro gastó todo su capital político, agotó un programa de Gobierno que tenía límites muy claros: mantener el sistema socialista, evitar a toda costa que aumentaran las desigualdades sociales y taponar cualquier intento de pluralidad política.
Cuando el raulismo empezaba a languidecer, llegó el 17 de diciembre de 2014 la noticia del deshielo diplomático entre la Casa Blanca y la Plaza de la Revolución. Por casi tres años el mundo creyó que el “problema Cuba” estaba resuelto cuando vio a Chanel desfilar en el paseo del Prado, a Madonna bailar en un restaurante habanero y a la familia Kardashian pasear en un viejo auto por la Isla.
Pero el sueño de la normalización duró poco. Raúl Castro tuvo miedo de perder el control y no correspondió a las medidas tomadas por Barack Obama con la necesaria contraparte desde la Isla. Tras la visita oficial del presidente estadounidense los medios oficialistas arreciaron las críticas contra Washington, y la luna de miel terminó. Un divorcio que se sentenció con la llegada a la presidencia de Donald Trump.
Temeroso del animal de mil cabezas que había desatado con sus reformas —el capitalismo—, Castro echó atrás o paralizó varias de las flexibilizaciones que le habían valido el calificativo de “reformista”. Desde agosto del pasado año la mayoría de las licencias para el sector privado están paralizadas, las prohibiciones de viaje decretadas contra los opositores han aumentado en los últimos meses y el discurso oficial ha enfilado sus críticas contra los emprendedores locales.


El sucesor hereda un país en crisis y una sociedad desanimada; a él le toca acabar con la dualidad monetaria y profundizar las reformas económicas

El octogenario gobernante no pudo resolver dos de los mayores problemas: unificar las dos monedas que circulan en la isla y aumentar los salarios ínfimos que recibe la mayoría de la población. Tampoco logró frenar el éxodo de cubanos, ni aplicar políticas que elevaran de manera efectiva la natalidad, un problema serio para una nación que se espera sea el noveno país más envejecido del mundo en 2050. Tampoco alcanzó a sanear el sector estatal corroído por la corrupción y la falta de eficiencia.
Sin embargo, el mayor fracaso del General en los diez años de sus dos mandatos fue su incapacidad de impulsar las necesarias reformas políticas para que el relevo generacional reciba una casa más ordenada. Ante el dilema de conservar todo el poder o ceder una parte, para evitar una fractura dramática en el futuro, el menor de los Castro no se diferenció mucho de su hermano y eligió el control absoluto.
Sabe que, aunque ha planificado metódicamente la sucesión y elegido a un heredero dócil y manejable como el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel, al sistema personalista que heredó de su hermano no le sienta nada bien la división de responsabilidades.
Mientras mantiene el control sobre el Partido Comunista, al que la Constitución consagra como fuerza dirigente del país, Castro podrá vigilar a este tecnócrata crecido a su sombra y consciente de que cualquier intento de autonomía podría significar su caída. Pero el viejo guerrillero sabe también que el final de su vida está cerca y que los benjamines se vuelven impredecibles cuando el mentor ya no respira.
El sucesor hereda un país en crisis y una sociedad desanimada, un contexto internacional desfavorable, cuyas señales más claras son el cambio de rumbo ideológico en América Latina y el rechazo casi unánime a su aliado venezolano, Nicolás Maduro. Le toca acabar con la dualidad monetaria, profundizar las reformas económicas para convencer a los inversionistas y ampliar el sector privado.
A diferencia de sus antecesores, no participó en la gesta bélica de la Sierra Maestra ni en el asalto al cuartel Moncada. Tendrá que construir su legitimidad sobre los resultados de su gestión y la realización de una reforma política real y amplia. El mito terminó y la generación histórica, que se impuso con el terror y el carisma, tiene los días contados.
La era Castro concluye y aquellos niños de antaño estamos en la madurez de nuestras vidas. Muchos quedaron en el camino sin conocer otro sistema. Por estos días volvemos a retomar las aritméticas personales: ¿qué edad tendremos cuando Cuba sea realmente libre?
Yoani Sánchez es periodista cubana y directora del diario digital 14ymedio.

viernes, 20 de abril de 2018

María del Rosario Laverde / El perfume del viento, de Triunfo Arciniegas


EL PERFUME DEL VIENTO

Arranca el primer fin de semana de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. María del Rosario Laverde, parte del equipo de redacción la Revista Semana, recomienda un título de Triunfo Arciniegas.

María del Rosario Laverde
Semana
19 de abril de 2018


La prestigiosa colección Nidos de lectura que dirige Yolanda Reyes presenta El perfume del viento, de Triunfo Arciniegas, a quien siempre acompañan ilustradores impecables que embellecen sus relatos y esta vez es Juan Camilo Mayorga quien le da imagen a la historia de Juan Fernando I, rey del parque que adorna la estatua de Felipe II.

Los libros infantiles hace tiempo dejaron de ser solo para niños y este es uno de esos, que sin duda puede tocar más a un adulto que haya dejado parte de su historia olvidada en el parque de su niñez, que se sentirá abrazado en sus pérdidas y en su transcurrir; el mejor logro que tiene este libro de frases cortas y certeras.
SEMANA




MESTER DE BREVERÍA



Fotos memorables / Venezolano en llamas durante una protesta contra Maduro en Caracas


Fotografía ganadora del World Press Photo, que muestra a un manifestante en llamas durante una protesta contra Maduro en Caracas. Foto de RONALDO SCHEMIDT

FOTOS MEMORABLES

La imagen de un venezolano envuelto en llamas, World Press Photo 2018

El venezolano Ronaldo Schemidt, de la agencia France Presse, se alza con el premio


Isabel Ferrer
La Haya, 13 de abril de 2018

La imagen ganadora del World Press Photo de 2018 la firma el fotógrafo venezolano Ronaldo Schemidt, de la agencia France Presse (AFP), destacado en México. En ella se muestra el cuerpo en llamas de José Víctor Salazar, un joven de 28 años, durante una protesta contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. La instantánea fue tomada en Caracas, el 3 de mayo de 2017. Magdalena Herrera, presidenta del jurado, ha señalado que "se trata de una foto clásica, pero con fuerza y dinamismo". "Los colores, el movimiento, todo está bien compuesto. Me emocionó de golpe". El manifestante sobrevivió con graves quemaduras. En su 61º cumpleaños, el prestigioso concurso de fotografía anunció a los ganadores de todas las categorías el jueves por la noche, en una ceremonia en Ámsterdam. La Foto del Año recibe 10.000 euros.

Ronald Schemidt / “Pasaron cuatro segundos hasta que me di cuenta de que alguien estaba en llamas”






El venezolano Ronaldo Schemidt posa con el premio World Press Photo este jueves.
El venezolano Ronaldo Schemidt posa con el premio World Press Photo este jueves. EFE

RONALDO SCHEMIDT 
GANADOR DEL WORLD PRESS PHOTO

“Pasaron cuatro segundos hasta que me di cuenta de que alguien estaba en llamas”

El venezolano Ronaldo Schemidt, que acaba de ser galardonado con el World Press Photo, relata los riesgos a los que se enfrenta por su trabajo en México y Venezuela. "En Caracas quizá sufra un robo pero en México puede ser que desaparezca"


VÍCTOR USÓN
México 13 ABR 2018 - 16:26 COT
Ronaldo Schemidt disparó su cámara y cuatro segundos después se percató de que un manifestante ardía en llamas. Su instantánea, que acaba de ser galardonada con el World Press Photo, capturaba el momento en que José Víctor Salazar estaba siendo devorado por el fuego. Era mayo de 2017 y Caracas se había convertido en el escenario de la mayor oleada de protestas contra el chavismo de los últimos años. “En ese momento la gente tenía la esperanza de que podía producirse un cambio”, cuenta el fotógrafo por teléfono desde Ámsterdam, donde acaba de recibir el premio.